1 Los datos hay que revisarlos
Esto es un trabajo exploratorio, no un estudio validado. Antes de
citar cualquier cifra de aquí, contrástala con la fuente original. Los datos
se han cruzado automáticamente y no ha habido revisión de campo ni
verificación caso por caso.
Qué se está mostrando exactamente. El mapa incluye únicamente
incendios de 20 hectáreas o más desde 1980. Eso es el 15,6 % de todos
los incendios registrados, pero concentra el 85,9 % de la superficie
quemada.
El umbral de 20 ha no es arbitrario: es el suelo físico del dato.
Un píxel del satélite MODIS mide 21,5 ha, así que por debajo de esa cifra la
fuente que cubre 2001–2015 no puede detectar nada. Bajar más dejaría ese
período artificialmente vacío de incendios pequeños y crearía una tendencia
falsa. Los conatos y fuegos menores quedan fuera del mapa, pero sí cuentan en
los gráficos de superficie y número, que recogen todos los incendios.
Durante el análisis apareció un problema grave: de los 5.566 incendios de
1980–2000, solo 128 tienen la coordenada real del fuego. Los otros
5.438 están situados en el centroide del municipio, es decir, encima del
pueblo. Esos círculos solo dicen «ardieron N hectáreas en este término», no
dónde, y su clasificación de terreno no es válida.
Van marcados como fiabilidad baja y se pueden ocultar con el filtro
«Solo ubicación fiable» del panel izquierdo. Úsalo siempre que mires
el mapa buscando conclusiones.
4 Conclusiones principales
Se quema menos que antes, no más. Es la creencia más extendida y los
datos oficiales la desmienten. Media anual de superficie quemada en España:
| Década | Media anual | Incendios/año |
| 1980–89 | 240.875 ha | 7.349 |
| 1990–99 | 158.700 ha | 7.499 |
| 2000–09 | 124.560 ha | 6.648 |
| 2010–19 | 94.525 ha | 3.893 |
| 2020–22 | 134.686 ha | 2.706 |
Una caída del 61 % entre los 80 y los 2010. En 1985 ardieron 483.844 ha,
una cifra hoy impensable. La percepción contraria viene de que los años malos
recientes son extremos y muy mediáticos: 2022 marcó 315.705 ha y
2025 llegó a 354.747 ha según el MITECO, el peor año del último
decenio. La tendencia de fondo baja, pero los picos siguen siendo
brutales.
¿Y el pico de 2025? ¿Es real o un fallo de
método? Es real, y se puede señalar con el dedo. Todo ocurrió en
dos semanas de agosto: 339.871 de las 401.266 ha del año (el 85 %)
ardieron ese mes, en diez incendios de más de 10.000 ha concentrados entre el
8 y el 21 de agosto, casi todos en el noroeste — Uña de Quintana (Zamora,
40.081 ha), A Rúa (Ourense, 37.179 ha), Benuza (León, 26.241 ha), A Veiga
(Ourense, 25.953 ha), Manzaneda (Ourense, 24.583 ha) y Navaconcejo (Cáceres,
17.317 ha). Los doce mayores suman el 63 % de todo el año.
Dos fuentes independientes coinciden en el orden de magnitud (MITECO
354.747 ha; EFFIS 401.266 ha), hay perímetros satelitales con fecha y
municipio de cada uno, y el año anterior con la misma metodología dio 47.607
ha. No es un artefacto: es exactamente el patrón descrito arriba — pocos
fuegos, enormes, en muy poco tiempo.
Lo que sí ha cambiado: menos incendios, mucho
más concentrados.
| Década | Incendios ≥500 ha |
% del terreno quemado en ellos | Tamaño medio |
| 1980–89 | 70/año | 35,0 % | 32,8 ha |
| 1990–99 | 35/año | 45,3 % | 21,2 ha |
| 2000–09 | 31/año | 40,4 % | 18,7 ha |
| 2010–19 | 21/año | 44,0 % | 24,3 ha |
| 2020–22 | 31/año | 69,9 % | 49,8 ha |
La columna del medio es la clave: de cada 100 hectáreas quemadas en una
década, cuántas ardieron en incendios de 500 ha o más. En los 80 eran 35;
en 2020–22 son casi 70. Es decir, el número de incendios se ha reducido a
un tercio, pero lo que arde se concentra cada vez más en unos pocos fuegos
enormes. La extinción apaga muy bien lo pequeño; lo que se le escapa,
arrasa. Ese es el cambio de régimen real.
El terreno quemado no se urbaniza ni se llena de
placas. Sobre los 15.914 incendios con ubicación fiable (5,02 M ha):
0,3 % de la superficie está hoy urbanizada y 1,0 % es parque
solar. El 88 % sigue siendo monte. Solo 56 incendios tienen un solape
sólido con un parque solar (3.128 ha en total), y de los que llevan fecha en
OpenStreetMap casi todos se construyeron después del fuego — pero son
decenas de casos entre casi 16.000. Fenómeno real y puntual, no un patrón.
Hay una confirmación independiente: en los perímetros de EFFIS, la
superficie artificial era el 0,3 % antes del incendio y sigue siendo
el 0,3 % hoy. No se construyó sobre lo quemado.
Los aerogeneradores son más frecuentes (2.011 torres repartidas en 584
incendios), pero un parque eólico no cambia el uso del suelo: bajo las torres
sigue habiendo monte. Por eso figura como capa informativa y no como
destino.
Los investigadores de incendios lo confirman
por su cuenta. El parte oficial que se rellena en cada incendio incluye,
cuando es intencionado, una casilla de motivo — y una de las opciones es
literalmente «modificación en el uso del suelo». En 43 años se ha
marcado esa casilla 232 veces: el 0,09 % de los incendios y el 0,05 %
de la superficie quemada, con un tamaño medio de 14 ha. Quien investiga los
fuegos sobre el terreno tampoco encuentra ese patrón.
Lo que sí encuentra, de largo, es el mundo ganadero y agrícola: entre los
intencionados con motivo conocido, regenerar pasto (31.465 casos,
502.000 ha) y eliminar matorral y residuos agrícolas (15.853 casos)
suman la mayoría. Los pirómanos son 3.728 casos.
Y hay más de lo que parece, porque quemar para pasto también consta
como negligencia cuando la quema estaba controlada y se escapó (8.139 casos
más, 139.143 ha). La actividad es idéntica y el tamaño medio también (17 y
16 ha); lo que cambia es el juicio del investigador sobre si hubo intención.
Sumando quemas de pasto y agrícolas por las dos vías, el fuego de origen
agroganadero llega al 24,8 % de todos los incendios — una de cada
cuatro.
Dos advertencias sobre todo esto: en el 57 % de los incendios
intencionados el motivo consta como «sin determinar», y la causa misma es
supuesta y no probada en más del 76 % de los casos.